Ocasionalmente, solemos ver en las noticias y en los periódicos, historias de bebés que son abandonados al nacer.

Solemos llenarnos de rabia y decir qué, muchas veces hay parejas que desean tener bebés y no pueden. Mientras que otras, se quedan embarazadas y dejan abandonados a sus niños.

Algo similar ocurrió con la historia de un bebé que fue arrojado dentro de una bolsa de basura, en una de las calles de Ecuador. Un carpintero que pasaba por la zona, tuvo la fortuna de ver cómo el bebé se movía dentro de la bolsa. Lo llevó a su taller.

Sus ojos no podían creer lo que veían. Un bebé tan indefenso, a pocos días de nacido, sufriendo el abandono de sus padres. Lo miró un poco más de cerca y se dio cuenta que el bebé tenía síndrome de Down.

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Gracias a Dios, el carpintero lo llevó a un lugar que recibía niños con capacidades diferentes y que tenían profesionales de calidad, en educación especial. En aquél orfanato fue recibido con mucho cariño, amor y dedicación.

Y Dios nuevamente quiso bendecir al dulce angelito, cuando en el año 2004, Rachel Van Eerden, especialista en educación especial, se enamora a primera vista del bebé y decide adoptarlo. Ahora el bebé que, en sus primeros días fue abandonado, goza de todo el amor, de una familia sólida.

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