Esta Mujer Lo Sedujo, Pero Cuando Él Notó Cómo Tenía Los Pies Sabía Que Iba A Morir

Esta historia hace parte de los relatos asociados a una popular leyenda de República Dominicana.

Cuentan que el hombre tuvo que salir una noche de urgencia hacia el pueblo más cercano al lugar donde se encontraba ubicada su vivienda a razón de que su hijo menor estaba gravemente enfermo y necesitaba un medicina que sólo podía conseguirse en dicho centro urbano. Para llegar allí, debía atravesar el bosque que se presentaba como una barrera natural entre el pueblo y la zona rural, aislada y generalmente pacifica.

Para cuando el hombre dejó su casa estaba ya muy entrada la noche, los ruidos de los animales nocturnos llenaban el espacio oscuro, alumbrado únicamente por la tenue luz de la luna. Era imposible distinguir qué había más allá de un par de metros porque la noche se cernía sobre los caminos envolviéndolos con su característico misterio.

Para él, lo más aterrador era encontrarse un animal salvaje al que no pudiera distinguir a tiempo para alcanzar a huir o esconderse. En ese bosque había innumerables bestias dispuestas a aprovechar cualquier situación que se les presentase para poder alimentarse. No quería ser la presa de nadie esa noche.

También pasaban por su cabeza tantas historias que había oído sobre seres mágicos y misteriosos que habitaban ese bosque, recordaba que cuando era niño le aterrabanpero ahora que era todo un adulto y que debía cumplir con su propósito porque de lo contrario su hijo podría morir esa misma noche, se llenaba de valor y rápidamente descartara de su mente las infantiles ideas.

La casa en la que vivía con sus cuatro hijos y su esposa perteneció antes a su padre ya fallecido, siempre había vivido allí, conocía muy bien toda la zona, podría decirse que si cerraba los ojos no tropezaría contra ninguna rama u obstáculo, pero todo de día, jamás en la noche. Los habitantes del campo muy rara vez o nunca salían de sus propiedades en horas de la noche. La costumbre dictaba que las personas se levantaran muy temprano, con los primeros rayos del sol y se acostaran cuando empezaba a oscurecer. Él recordaba sólo una vez, una noche que tuvo que acompañar a su padre al interior del bosque porque uno de sus hermanos había desaparecido y la última vez que lo habían visto fue jugando en las cercanías del temido lugar.

Lo bueno fue que en aquella ocasión no demoraron mucho en encontrarlo, habían recorrido apenas medio kilómetro cuando hallaron al niño. Este estaba mudo y con la mirada perdida, nunca se supo qué pasó durante las horas que estuvo extraviado al interior del bosque pero abstraído permaneció hasta cumplir 12, cuando por fin habló nuevamente luego de años de silencio. Lo primero que dijo era que jamás regresaría a aquel lugar.

El tiempo pasó y toda la familia fue olvidando el episodio, pero ahora que este hombre se enfrentaba a la oscuridad, nuevamente los recuerdos afloraron y se instalaron ferreamente en su cabeza, por más que intentó evitarlo y no pensar en ello, fue inútil, ya el miedo se había apoderado de él.

Sin embargo, sabía que no podía darse el lujo de dar vuelta atrás y regresar a la seguridad de su casa, debía continuar, su hijo dependía de ello. Se armó de valor y continuó con su pasó rápido pero firme, la mitad de su concentración estaba puesta en afinar su oído para escuchar cualquier cosa que pudiera acercarse a él desde atrás o por los costados y la otra mitad en hacer el máximo esfuerzo por ver lo más adelante posible el camino. Si adivinaba una sombra o un movimiento veloz a tiempo podría detenerse y escuchar y de ser necesario esconderse o incluso cambiar de ruta. Esto último era lo que menos quería hacer porque le implicaría pasar más tiempo en aquel lugar. Lo único que deseaba era salir lo antes posible.

Caminó alrededor de dos horas y como todo estaba más bien tranquilo, poco a poco se había ido relajando, cada vez se sentía más confiado y se decía a sí mismo que había sido un tonto por permitirse estar tan asustado con cuentos para niños. Justo cuando se asomaba una sonrisa en la esquina de su boca pensando en lo infantil que había sido unas horas atrás, algo apareció a la distancia, exactamente en frente de él como bloqueando su camino.

El hombre paró en seco y no se movió ni un ápice durante lo que pareció una eternidad pero que sólo fueron algunos segundos, lo único que intentó hacer en ese lapso de tiempo fue enfocar su vista a lo lejos para determinar qué era lo que había aparecido de repente en el camino. No logró ver con claridad, pero un escalofrío recorrió su espina dorsal al caer en cuenta que lo que estaba en frente tenía forma humana. Por un instante quiso refugiarse en la reconfortante idea de que se trataba de otra persona, tal vez un amigo que también había tenido que dejar su casa en medio de la noche para cruzar el bosque, de ser así sería toda una bendición acabar el trayecto con alguien conocido.

La idea se esfumó rápidamente porque la figura tan de repente como había aparecido, desapareció también.

Tenía el corazón helado, no sabía qué hacer, si salir huyendo tan velozmente como pudiera o por el contrario permanecer inmóvil. Sintió que su cuerpo se estaba entumeciendo y notó que todo el bosque parecía tranquilo, como si nada hubiera pasado. Poco a poco retomó su valor y empezó a preguntarse si lo ocurrido no había sido producto de su imaginación.

Con cierta timidez, fue avanzando nuevamente y el flujo sanguíneo que otra vez circulaba con fluidez por todo su cuerpo lentamente lo tranquilizó. Caminó menos de media hora pensando en lo que había ocurrido y auto-convenciéndose de que todo se lo había imaginado. Entonces escucho un sonido que lo alertó. Era la melodía de un pájaro… Él que había vivido toda la vida en esa zona sabía muy bien que no había pájaros nocturnos y que no era normal oír una melodía tan encantadora a esas horas de la noche.

Supo que otra vez algo sobrenatural estaba pasando, pero en esta oportunidad no fue el miedo lo que invadió su mente, por el contrario, al escuchar las notas musicales, sentía una imperiosa necesidad de seguir el sonido. No pudo resistirse y aunque una pequeña parte de su cabeza le decía que debía continuar su camino, su curiosidad era demasiado fuerte como para ofrecerle resistencia.

Caminó como un muerto viviente o un hechizado por algunos minutos hasta un claro, poco antes de acercarse lo suficiente para ver con claridad, la sensación de pérdida de control se esfumó súbitamente. En ese momento, recobró su conciencia y voluntad y aunque quiso huir de allí, no lo hizo porque no pudo evitar ver una hermosa mujer de piel trigueña lavarse en medio de un pequeño estanque en cuyas aguas se reflejaba la luz de la luna. Sus blancos rayos también bailoteaban como diminutas chispas en la sedosa piel de la extraña mujer. Estaba completamente desnuda y sus exuberantes senos sobresalían de su delgado cuerpo y el brillante, sedoso negro y larguísimo cabello terminaba de adornar su sensual figura.

Cuando la vio quedó encantado, era como si se hubiera enamorado, no podía dejar de mirarla y sentía cómo la excitación se apoderaba de sus sentidos. Como un golpe de lucidez, un rayo atravesó su conciencia, el recuerdo de su hijo enfermo vino a su mente y le abrió la oportunidad de escapar, pero en ese momento la mujer que sintió que perdía su atención, clavó su mirada en él, en se momento cualquier asomo de voluntad o determinación se fueron para siempre.

Sus ojos profundos y rasgados lo apresaron y sin necesidad de palabras le ordenaron acercarse.

Los pies del hombre comenzaron a moverse sin su permiso y empezó a experimentar con todo su ser una increíble necesidad de acercarse y tocar a esta misteriosa y hermosa mujer. Cuando estaba a tan solo unos pasos de ella, recorrió lentamente con la mirada su lascivo cuerpo de arriba hacía abajo, pero en el momento en que sus ojos se posaron en sus pies el espantó casi hizo que gritara de horror: la mujer tenía los pies al revés, ¿cómo no lo había notado antes?, ¿así de embrujado estaba?

Para el momento en el que cayó en cuenta de que estaba haciéndose preguntas inútiles en semejante situación, una idea hizo una grieta en su mente, su vida pasó ante sus ojos y entonces supo que ya era demasiado tarde… la mujer que tenía ante si era la Ciguapa, había oído hablar de ella muchas veces en su niñez y cómo tan solo un par de hombres habían logrado escapar de sus hechizos, únicamente porque no se habían acercado lo suficiente. Sin embargo, nunca habían vuelto a ser los mismos pues el recuerdo de su cuerpo les había robado la razón y la fiebre de su insatisfacción le había puesto fin a sus vidas.

Él ya sabía que no viviría para contarlo y que en ese lugar moriría. La mujer se levantó de las piedras donde estaba sentada y de un veloz saltó se abalanzó sobre él y lo asesinó.

Al otro día, su mujer muy apenada porque el menor de sus hijos no había sobrevivido a la noche, salió en compañía de algunos vecinos a buscar al esposo que no regresó a tiempo con la medicina. Ella intuía que algo le había pasado y luego de casi seis horas de búsqueda al fin encontraron su cadáver cerca a un estanque.

La triste mujer tuvo que enterrar a su hijo y a su esposo, los perdió a ambos la noche en que una mujer conocida como la Ciguapa se cruzó en su camino.


La Ciguapa es una leyenda de República Dominicana ampliamente conocida y que hace parte del invaluable patrimonio cultural de ese país. Si bien en otras partes del mundo, incluso en lugares tan lejanos como la India, las historias acerca de mujeres misteriosas que seducen hombres para luego asesinarlos o incluso devorarlos vivos, se hacen presentes en el imaginario colectivo de pueblos antiguos a través de distintos nombres y con algunas variaciones, La Ciguapa parece ser una de las figuras más llamativas de las deidades que habitan la galería de los mitos y leyendas latinoamericanas.

Y aunque por supuesto no hay evidencia alguna de su existencia, tanto niños como adultos se deleitan escuchando, aún en nuestros días, las desdichadas aventuras de los ingenuos hombres que se dejan seducir por su belleza e incalculable atractivo, narradas en las voces de ancianas que sabiamente transmiten a nuevas generaciones el tesoro inmaterial de la tradición oral de nuestras riquísimas y no siempre suficientemente valoradas, culturas ancestrales.

Fuente: Facebook

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